S+L logo

Ser Mártir 2 | Testigos

March 31, 2018
¿Qué quiere decir se mártir? Esa fue la pregunta que traté de contestar la semana pasada. Es una pregunta que todos nos tenemos que hacer porque tiene que ver directamente con el seguir a Jesús.
Si queremos seguir a Jesús, tenemos que cargar con nuestra Cruz. Seguir a Jesús siempre nos va a llevar hacia la Cruz.

Pero, ¿nos tiene que llevar a la muerte?

¿Podemos decir que los mártires son necesarios para que la Iglesia de fruto? Así es, si lo que dijo Jesús en el Evangelio de la semana pasada sobre el grano de trigo es verdad (Juan 12:24).
Este domingo es el Domingo de Ramos, también conocido como Domingo de Pasión. Este año escuchamos la Pasión según el Evangelio de San Marcos. Es la más corta. En el Evangelio de Juan, Jesús le dice a Pilato que “el ha venido al mundo para dar testimonio de la Verdad.”
El Catecismo de la Iglesia Católica dice:
“El cristiano no debe ‘avergonzarse de dar testimonio del Señor’ (2 Tm 1, 8). En las situaciones que exigen dar testimonio de la fe, el cristiano debe profesarla sin ambigüedad, a ejemplo de san Pablo ante sus jueces. Debe guardar una “conciencia limpia ante Dios y ante los hombres” (Hch 24, 16).”  (CCC#2471)
Y es por esto que todos somos llamados a ser mártires aunque nunca nos maten por nuestras creencias.
“El deber de los cristianos de tomar parte en la vida de la Iglesia, los impulsa a actuar como testigos del Evangelio y de las obligaciones que de él se derivan. Este testimonio es transmisión de la fe en palabras y obras. El testimonio es un acto de justicia que establece o da a conocer la verdad (cf Mt 18, 16).” (CCC#2472)

Testigos

Es por esto que desde el comienzo de la Iglesia han habido mártires – “testigos” es la palabra en Griego. Desde el comienzo de la Iglesia (y hasta en el Antiguo Testamento: miren el Libro del Profeta Daniel o el Libro de Macabeos) ha habido un entendimiento que los seres humanos tienen una opción entre la vida y la muerte y que debemos elegir la vida (Deut. 30:19). Con la muerte y resurrección de Jesús hay un entendimiento renovado que el escoger la vida, a veces significa nuestra propia muerte.
Hice una busca rápida en el Internet para ver si existía una lista de mártires católicos y me di una sorpresa al ver que en Wikipedia hay una. No sé si es una lista completa, pero desde San Esteban y Santiago cuyos martirios aparecen en el Libro de Los Hechos de los Apóstoles, hasta San Pedro y San Pablo y todos los Apóstoles (excepto Juan), San Policarpo y San Justino, Santa Lucia, San Lorenzo, Santa Cecilia y Santa Juana de Arco en los tiempos medievales, la Iglesia ha sido alimentada por la sangre de los mártires. Es más, fue en el año AD 197 que Tertuliano ya había escrito en su Apologeticus la famosa frase: “La sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos.”

El Salvador

La semana pasada mencioné que acabo de regresar de El Salvador donde, durante la guerra civil de los años 70 y 80, la Iglesia recibió una gran represión que resultó en la muerte de 24 sacerdotes, religiosas, obispos y seminaristas.
Una de las personas que entrevistamos para el documental, The Francis Impact (El Impacto Francisco), es Ana Ortiz. Ana nos contó sobre su hermano mayor, el Padre Octavio Ortiz – el primer sacerdote que Mons. Romero ordenó – quien fue asesinado junto a cuatro jóvenes durante un retiro. El P. Octavio tenía 24 años. Esa noche había llegado a la casa de retiros ansioso de pasar el próximo día, Domingo, con los jóvenes haciendo una reflexión sobre el tema del retiro, basado en Lucas 4.
“El Espíritu del Señor esta sobre Mi, porque Me ha ungido para anunciar el evangelio a los pobres. Me ha enviado[a] para proclamar libertad a los cautivos, y la recuperación de la vista a los ciegos; para poner en libertad a los oprimidos.”(Lucas 4:18)

 Ese era el tema del retiro.

Alrededor de las 6 de la mañana, las fuerzas de seguridad llegaron a la casa en varios vehículos y una tanqueta. Comenzaron a disparar mientras los jóvenes se levantaban de sus camas, asustados por el ruido. El P. Octavio fue aplastado por la tanqueta que dejo su cuerpo destruido e irreconocible en el patio.  Junto al P. Octavio murieron David Caballero, 16, Ángel Morales, 22, Roberto Orellana, 16 y Jorge Gómez, 22. Todos los otros jóvenes fueron arrestados.
¿Su crimen? Trabajar por la comunidad y el Reino a pesar de la violenta represión de la Iglesia.
Lo que Ana no nos contó, pero me enteré después, es que de sus 5 hermanos, todos serían asesinados por el gobierno en el transcurso de los próximos 10 años.

Trabajar con los pobres

Recuerdo en diciembre de 1980 cuando escuché las noticias que cuatro monjas estadounidenses habían sido matadas en El Salvador. Eran las hermanas Ita Ford y Maura Clark de la Comunidad Maryknoll, la Hermana Ursulina, Dorothy Kazel y la misionera laica, Jean Donovan, 27, que estaba recién comprometida para casarse. Fueron secuestradas, violadas y ejecutadas por los famosos escuadrones de la muerte.
¿Su crimen? Trabajar con los pobres y los oprimidos en las áreas rurales, que el gobierno consideraba como una amenaza subversiva para sus ideologías capitalistas de la derecha. Aunque estos asesinatos le abrieron los ojos a muchos en los EE.UU., El gobierno del presidente Reagan los descartó clasificándolas como acciones de ciertas unidades descarriladas y rebeldes, para no arriesgar el financiamiento de la “asistencia” a El Salvador.

Testigos de la Verdad

La mayoría del tiempo que estuvimos en El Salvador lo pasamos en la UCA, la Universidad Centroamericana, una institución Jesuita. También recuerdo en 1989 cuando escuché que seis sacerdotes jesuitas habían sido acribillados en El Salvador.
Fueron asesinados en la UCA.
En la madrugada el 16 de noviembre, 1989, una unidad elite del ejército salvadoreño entró a la universidad. Cuando salieron, los seis sacerdotes yacían muertos: Los padres Ignacio Ellacuría, Ignacio Martín-Baró, Segundo Montes, Juan Ramón Moreno, Joaquín López y López y Amando López habían sido defensores de un acuerdo negociado entre el gobierno y el Frente Guerrillero que había estado luchando contra el gobierno durante ya una década.
Junto a los seis jesuitas, también asesinaron a dos mujeres: La cocinera, Elba Ramos y su hija de 16 años, Celina Ramos.
Capilla en la UCA donde 6 sacerdotes y 2 mujeres fueron enterrados. A solo unos pasos de la residencia donde fueron asesinados.
En 1977 el P. Ellacuría, siendo el presidente de la  universidad, había escrito:
“Jesús no predica un Reino de Dios abstracto o puramente transterreno sino un Reino concreto, que es la contradicción de un mundo estructurado por el poder del pecado; un poder que va más allá del corazón del hombre y se convierte en pecado histórico y estructural.”

Fue ese poder del pecado que lo hizo mártir.

Y es a ese poder del pecado que todos debemos oponer. Estamos obligados a hablar en contra de él y siempre oponernos a él. Aunque signifique que seamos burlados, ridiculizados, criticados, atacados, desterrados o asesinados.
Jardin fuera de la residencia donde cinco Jesuitas fueron asesinados. Ahora es un jardin de rosas.
El P. Ellacuría una vez dijo que tenemos que "hacer todo lo posible para que la libertad sea la victoria sobre la opresión, la justicia sobre la injusticia y el amor sobre el odio".
Ese es nuestro llamado.
El Padre Jon Sobrino, SJ, que también hubiera sido asesinado esa noche si no hubiera estado dando una charla en Bangkok, una vez dijo,
"La resurrección de Jesús es... un símbolo de esperanza... No veo cómo se puede mostrar el amor... sin estar en solidaridad con las víctimas de este mundo. Y si estás en solidaridad con las víctimas, no veo cómo puedes evitar la Cruz. La teología de la Cruz es la teología del amor en nuestro mundo real."
Esta semana santa, al contemplar la Cruz, recordemos eso: La teología de la Cruz es la teología del amor.
El martirio es como el amor: es entregarse totalmente. Puede que no signifique la muerte para la mayoría de nosotros, pero aun así estamos llamados a entregarlo todo.
Hasta la muerte.